Los pescadores del alma

El barco de la vida es naufragar amando y ser libre de pescadores.
¿Qué difícil resulta remar con los remos del amor, verdad? Los pescadores enturbian el mar y provocan olas para hacer tambalear el barco de nuestra vida.
En esos días de tormenta, los pescadores tienen miedo de naufragar, no saben si van a salir vivos de ahí. Eso mismo les pasa a nuestros pensamientos. Cuando unimos la mente con el alma, todo se vuelve más sencillo. De repente, sale el sol, el mar aparece tranquilo y los delfines dibujan bailes que nos recuerdan los milagros de la vida.
Los remos del amor se vuelven seguros, fuertes, vigorosos, y los pescadores vuelven a casa hasta la próxima salida, con el fin de ayudarnos a crecer como personas aquí, en este plano de vida. Los pescadores cumplen su función, como en una obra de teatro en la que los actores actúan para darnos la mejor actuación.
Así es la vida. ¿Qué tenemos que aprender de los pescadores? Ellos pescan peces. Los pensamientos negativos tienen que ver con nuestras emociones, y estas con nuestras heridas que todavía no hemos hecho conscientes.
Así que, huir de los pescadores es huir de nuestra esencia. Solo nos piden escucharlos y seguir navegando al compás del baile de las olas para ayudarnos a encontrar el equilibrio.
Recordemos que la perfección en este plano de vida no existe. Pero, aun así, somos perfectos naufragando como podemos. Nuestro barco es nuestro cuerpo físico, los remos son la dirección que el alma quiere que sigamos, y los pescadores son esos pensamientos negativos, pero a la vez sabios, que, si los observamos desde fuera, nos permitirán encontrar en nuestro interior la liberación de esa emoción.