El abuelo árbol

Aquí sentada, con mi mejor amigo,
ese que siempre estuvo a mi lado,
en los momentos más oscuros,
aquel que me abrazaba con fuerza,
uniéndome a él desde el alma.
Me escuchaba, y yo sentía su silencio,
lo besaba, y su calor me envolvía.
Le hablaba, y sus ramas acariciaban mi cabello.
Lloraba, y el viento secaba mis lágrimas,
incluso cuando sonreía,
las hormigas se acercaban a la piel de mis pies descalzos.
Sí, ese árbol,
es y será mi mejor amigo.
Me enseñó a escucharme de verdad,
en mis gritos, en mis lágrimas,
en mis dudas e inseguridades.
Me enseñó que en la soledad
puedo besarme y acariciarme,
que no hay tiempo para callar
lo que mi corazón grita cada día.
Me enseñó a quitarme la máscara,
y a dejar brotar la semilla
que habita en mi corazón.
Me enseñó que en la locura está la vida,
y que vivir es disfrutar del presente.
Me enseñó que la mente nubla mi alma,
cuando busco la perfección,
por lo que aprendí a rendirme a mí misma,
a no esperar nada de nadie,
y todo de mí.
Me enseñó que, solo cuando sé quién soy,
y para qué estoy aquí,
valoro mi esencia,
y me permito ser yo, sin máscaras.
Hoy dedico estas palabras
a mi mejor amigo,
el abuelo pino,
que sigue aquí a mi lado,
porque sé que nunca me fallará.
La verdadera paz y sanación a menudo provienen de lo más simple, de la conexión profunda con lo que nos rodea. Un árbol, testigo silencioso de nuestras luchas y alegrías, tiene la capacidad de enseñarnos lecciones vitales que a veces nos cuesta aprender de nosotros mismos. En sus raíces, encontramos la estabilidad que nos falta; en sus ramas, el abrazo cálido que nos ofrece el mundo cuando nos sentimos perdidos. Al igual que el árbol, nosotros también podemos florecer y crecer a nuestro propio ritmo, aceptando nuestras imperfecciones y dejando que el amor incondicional, que nos da la vida, fluya sin reservas. La naturaleza no tiene expectativas, solo nos invita a ser auténticos y a aprender de cada estación, sabiendo que, al final, siempre hay una nueva oportunidad para empezar de nuevo. Conectar con nuestro ser y con lo que nos rodea nos permite vivir en el presente, abrazar el caos y, al mismo tiempo, encontrar la paz en nuestra esencia más profunda.
Gracias, gracias y gracias